- La plantilla y la afición del Sevilla quieren convertir el Sánchez-Pizjuán en una caldera para sellar una permanencia que todavía no es matemática
El triunfo conseguido por el Sevilla Fútbol Club en La Cerámica ha devuelto la ilusión a Nervión, pero dentro del vestuario nadie quiere dar nada por hecho. La remontada frente al Villarreal permitió a los sevillistas tomar aire en la clasificación, aunque la pelea por evitar el descenso sigue completamente abierta a falta de dos jornadas para el final del campeonato.
Con cuatro puntos de margen sobre la zona roja, los pupilos de Luis García Plaza afrontan el duelo ante el Real Madrid sabiendo que una victoria supondría la permanencia matemática en Primera División. Por ello, tanto el técnico como los futbolistas han hecho un llamamiento directo a la afición para volver a convertir el Ramón Sánchez-Pizjuán en un escenario de máxima presión ambiental.
«El domingo tiene que ser un manicomio», expresó el míster tras el encuentro en tierras castellonenses, un mensaje que también compartió el defensa Oso al pedir un último esfuerzo desde la grada en una nueva «final» por la salvación.
La respuesta del sevillismo no se ha hecho esperar. Las entradas disponibles para el choque se han agotado y el ambiente promete recordar al vivido recientemente frente a la Real Sociedad y el Espanyol, dos días donde el feudo nervionense recuperó parte de su esencia europea para empujar a un equipo que parecía desahuciado hace apenas unas semanas.
Mensaje de la afición del Sevilla
En esta ocasión, además, el estadio lucirá completamente blanquirrojo, ya que el grupo de animación Biris Norte lanzó un mensaje a través de sus redes sociales invitando a todos los aficionados a acudir con una camiseta del Sevilla, independientemente del color. «De blanco como los señores o de rojo como la tormenta, pero todos con el escudo en el pecho», señala el comunicado.
El conjunto de Nervión busca ahora culminar una reacción que parecía impensable tras la derrota en Pamplona ante el Osasuna. Tres victorias consecutivas han cambiado el panorama deportivo y emocional de un equipo que vuelve a depender de sí mismo para cerrar una de las temporadas más complejas de su historia reciente.
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